Dormid.
¿Despertar y mirar la vida encharcada de una lluvia que no miramos pasar?
Los témpanos de sus mares no es escarcha que pueda remover con un dedo.
y luego mirar.
Aquí nadie despierta cuando el viento se revuelca en conceptos.
Sólo el murmullo de los sentidos nos transpira taciturnos.
¿Qué necesidad hay de buscar el reflejo de la lluvia
tras nuestras huellas?
Podremos mirar tantas danzar aquí
Sin necesidad de despertar para verlas desfallecer.
Y aquí sólo espero yo; ¿y quién me espera a mí si ni yo estoy dispuesta a hacerlo?
Deja que camine por un momento con título de eternidad, que el viento siempre me espere detrás de las montañas, para soplarme las huellas hasta que encuentre otro aire que lo revele.
Vamos, no es tan lejos aunque la distancia nos contradiga.
Nada
Tengo tanto que escribir que a veces la tinta no alcanza si quiera para el primer atisbo de palabra y detengo todo en blanco.
Quizá una página vacía dice lo suficiente y certero; ella, siempre limpia pero anegada de intenciones e historias que podrán borrarse sin necesidad del fuego. Aunque más arduo es el tiempo.
Un suspiro, una sustancia, un pedazo de necedad extraído de un lejano olvido, y todo gira, en torno a nada. Eso es siempre.
Comodidad, ruido, una página desbordante de palabras anodinas, sórdidas… ¡antes muerta!
-¿Antes?-