Ruegos
¿Podré entender qué recuerda el olvido?
¿podré ignorar cuando crujan los párpados,
como puertas amordazadas al porvenir?
Alguien, ¡quién ose!, ¿sabrá a dónde
partió la caravana,
que no ha regresado
su inherencia a la tierra?
Sabré, aunque se derritan
los huesos que armaban los cimientos,
los ruegos que bebieron de su cobijo las tejas.
..
Qué triste se vuelve domingo
entre asfalto piadoso
y costumbres henchidas
de su exhaustivo nado.
Qué lenta la noche
se vuelve semilla,
en las llanuras
impías de sudor.
Domingo de sueños,
domingo de mayo,
no times la flora
sirviendo de estero
a las dunas.
Junio
Es junio, es cierto lo que oigo: es junio otra vez. Los juncos ladran con viento imperial, otra vez tienen voz de olvido. ¿Qué tanto hace que decidí olvidar?, a tientas harán muchos estíos, pues las lluvias las recuerdo y de años no sé contar.
No memoro las pláticas altisonantes ni mi monosilábica virtud, pero sé que el silencio es la base en la que están formadas mis palabras actuales, pues sé que cultivé esa necedad en junio. Quizá fue agosto, pero nada recuerda tanto como junio, ¿no es cierto?
Espacio asonante
Ahora la vida ya no tiene
el nombre vida sólo porque
la muerte acicalada lucía más viva.
La vida fue vida
cuando en viento calzaste
el destronar de las colinas,
y calaste en sus dunas
al vasallo buque
que expía a su rey
de varar un norte.
La arena es polvo;
en polvo bruma el viento
y viaja indome,
lapidando anclas,
que el acero llama mira,
y evoca el tiempo,
que roe arena
y rompe en segmentos
la trama, para imponer
su finitud.
Viremos entonces los sueños,
de la arena que en frascos
se autonombra vida.
cazemos sólo al espacio;
Que la vida es vida
y la libre es mía,
si se abre al fondo
y se abanica
a través de las
llanuras perpetuas.
Retazos de urbe
Retazos de urbe
I
¡Vida intrínseca!
Guarda lejos los estandartes,
o mejor astíllalos;
que ya no acojo los clamores
si el orden los posa entre silencio
Y diligente sudor.
II
Silente, el mundo
sume sus nauseas
en respuestas sin vías
sofocadas en márgenes
de borradores que sólo
pintan fantasmas.
III
¿Qué acaso, naturaleza
sufres al encontrar en tu abono
un sinfín de esporas cultivas de estaciones
que no comprenden el objeto del prodigioso estío?
¿Cómo te desenredarás de esa marea
que no derrota la luna sino la brea?
IV
La vida despinta el grafito
que grababa el misterio
en las colinas mozas.
Y ahora se va la tierra
con el ímpetu que restaba
para entintar la mañana.
V
Y los perecederos de vista infija
y razón de engaño
niegan y reniegan su existencia
por sabor del margen
-garabato del paternal poder-
cual infantes mecidos por humos,
rocían sus vidas con senderos cardinales.
El cuarto de baño
Isaac Asimov durante una entrevista explicó lo siguiente:
Si dos personas viven en un apartamento y hay dos cuartos de baño, entonces los dos tienen libertad para usar el cuarto de baño cuantas veces quieran y pueden estar en el cuarto de baño todo el tiempo que deseen y para lo que deseen usarlo. Y todo el mundo cree en el derecho a cuarto de baño y en la libertad a usarlo cuando le apetezca, nadie está en contra de eso, todos creemos que debería estar hasta en la Constitución.
Pero si hay veintidós personas en el apartamento y solamente dos cuartos de baño, no importa cuánto crea la gente en la libertad y el derecho a cuarto de baño, porque tales cosas no existen. Entonces hay que establecer turno para cada persona para usar el baño, se tienen que establecer normas como que no puedes usarlo para cortarte las uñas, solo para necesidades y ducharte, lo que tendrás que hacer en poco tiempo… tienes que golpear la puerta para entrar… “¿Aún no estás listo?”… y así.
De la misma manera la democracia no sobrevive cuando hay superpoblación. La dignidad humana no puede sobrevivir a ello. La comodidad y la decencia no pueden sobrevivir a ello. A medida que crece la población planetaria el valor de una vida no solamente declina, sino que al final desaparece. Ya no importa si alguien muere. Cuanta más gente hay, menos importa cada individuo.
Fuente: Historias de la ciencia
—————————————–
Realmente le concedo la razón.
Hoy divagaba, después de escuchar tantas veces la afirmación de que los animales son precisamente como nosotros, quienes también somos animales. Biológicamente les concedo la razón, sin embargo, discernimos en el patrón que nos da a entender la naturaleza: la lucha por la supervivencia y el equilibrio. Nostros, los humanos, carentes de instinto y con alegorías sensoriales de nuestra mente, nos encerramos en la ambición, más que en la supervivencia y el equilibrio lo corrompemos con destrucción, como si cada ente humano fuera una raza totalmente distinta. Nos inventantamos un intento de equilibrio para cubrir el caos inevitable, a diferencia de las demás especies de animales quienes se crean a partir del órden.
Todo nuestro equilibrio, nuestra lucha por sobrevivir, es meramente ficticio. Somos una especie en cada cuerpo humanoíde; pero el mundo no tiene cupo para tantas. Somos el caos y la destrucción de una de las pocas dimensiones habría encontrado vida.
Al menos esta ironía nos da una afirmación: no hay propósito en el surgir de la vida, todo carece de sentido, somos un remoto azar. Y nos da el alivio de que toda la perfección que reside en los fractales del mundo que palpamos encuentra la forma de marchitar. Y todo marchita cuando da a luz dioses que -dejando de lado la moral de un bien o un mal- sólo pueden conceder la destrucción.
Es bello, me parece, a pesar de todo. Pero no puden existir dioses donde se encuentran más; tantos humanos se limitan unos a otros a probar la catarsis de la libertad; por lo cual, desaparecen los dioses y sólo sobra un caos desapercibido.
No, no somos como los demás animales, no podemos mantener un órden, o quizá ellos son los que no lo son, pues no pueden controlar la plaga humana que se les viene encima.
Ya me desvié mucho de lo que pretendía con este post =P
Animluf
Almirante sin pasos
carbón del cielo,
que lo hace tan basto
y carcome sus bordes,
desde un exilio
a aquel entierro
de huellas nómadas
bajo paredes.