Confesión
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…y finges, y mientes, y te atienes al control y hablas con el día. Pero día, ¿qué vas a entender tú, si a ti sólo te pesan las horas?
Dormir entre noches y cascabeles insomnes, despertar. La alarma no sonó. No sonó porque es muda o porque somos sordos. El reloj no funciona pero es tarde.
Ayer esclareció el mundo pero se hará tarde si pienso en el pasado. Atenta al alba, sus finos retoños, la envidia perpetua a la fortachona naturaleza. Y nosotros, que idealizamos, nos tendemos en la grava y gritamos al sol odio, pero regresa a nosotros como lucidez.
Y me dice el sol que no podemos ser noche, que dice la noche que no puedo ser yo. Y me dice alguien, en su condición de alguien (que no puedo ser yo, que no puede ser nadie), me dice que la vida se traza de destinos, que en los proyectos es parido el auge. Qué cosa más ridícula, si el universo no antecede a nada. A la nada que soy yo, a la nada que es alguien.
…
Vida insomne
Insomnio. Estoy aquí una vez más. Entre noches gastadas de días, menos taciturnos que el alba gris de la ciudad. Las calles con sus toros han empezado ya a bramir. Deben ser las 4, quizá las 5 am, no lo sé, ya las horas son irreales, aunque las estrellas que rugen una a una -y de pronto un estruendo- las forzan a lo real. El tren canta. Vuelve la irrealidad.
Qué triste suena el trino de los pájaros, no podrán despertar al alba tras el mascullar de esas calles que día a día despiertan infiernos en sus prisas por acatar la opaca rutina.
Me gustaría ulular en otro mundo, entonar una pasión menos efímera que las sintéticas que fabrica la ciurad para no custodiar a tantos muertos. Aunque lo hace.
Oh, mañana, no seas tan cruel, dame la posibilidad de soñar en la ignorancia de un despertar.
Sueños volátiles, sintéticos. Dos, tres, seis pastillas, qué importa; el mundo quiere dormir, dale ese don, desgraciado infierno.
Noches de papel, de nuevo. Quizá la noche quiera decirme algo, le abriré sentidos para escucharle atentamente. Mañana.
Ya empieza el alba, qué vacío, qué irreal, ¿qué pretende despertar él con tanto ruido? vidas plásticas, nada más.
Yo quiero dormir; mil grillos trinan en mí, ¡escúchalos, necia mañana!
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Ni conciente estoy de lo que escribo.
Estúpido WordPress, pensé que sería mejor que blogspot…pero tengo grandes conflictos con los comentarios, todos los manda a spam y no hay mucho que se pueda hacer para remediarlo mas que des-spamearlos manualmente. Así que si en el pasado escribieron algo y no apareció, no es culpa mía, sino del estúpido blog.
Balbuceos I
Es como si se me escapasen los días al sostener su avismo, como si el ayer vibrase familiar y se escondiese detrás de los años,
¿qué día es hoy? ¿el mismo ayer, el mismo olvido?
¿Y qué dirías si la realidad es sólo una variación a los conceptos que soñamos?
Qué dioses seríamos, para sonrojar la bruma del tedio con parpadeos inverosímiles.
Sólo vine aquí, para buscar el horizonte, pero jamás imaginé que una bandera de hipocrecía blandiendo publicidad me taparía incluso el cielo.
Pero, ¡mira, la gente! se retuerce en el orgullo de rodar y rodar entre los anillos de la metrópoli, lo nombran un bien innato, eso de servirse de nada para ser buenos nadie en un vacío de esperanzas insípidas.
Al menos sé que todo esto es el jugar de los sueños, al menos sé este día no existe…
¡Pero, demonios! lo único que quiero saber es dónde se oculta realmente el horizonte.
Balbuceos…
Ah, no queda nada en este mundo. Es la verdad más placentera que podemos poseer. ¿Qué pasiones hay que no sean sólo excusas para suplir lo efímero?, todo cae, después de cruzar tantos riscos; es sólo el recuerdo que lo vuelve inmortal.
Cuelga una selva detrás de mí, con aroma a polvo. Pero nada se vuelve polvo si lo dejamos en su naturaleza, no en manos de la necia comodidad. Estoy harta de colgar naturaleza muerta en todos mis empeños, en conservar el cadaver bajo la penumbra por si algún día decide revivir, siendo que su vida corre entre ríos paralelos.
Aún me pregunto si volveré a verlo, si el azar osará jugar como tantas veces. No, el azar carece de derroteros.
Siempre seguí a un fantasma.
Dejemos el tiempo como una excusa para desperdiciar la muerte unas cuantas veces. Vivamos siendo el tabú de todos los sueños.
Aquí no hay nada, ya no hay excusas, sólo un instinto curioso.
Sólo una escalera, por la cual subir torpemente.
Jugar, esperar caer, esperar no hacerlo.
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Já, había prometido no escribir en este estado.
Aquí no queda nada
¿Serán restos de sueños, esas partículas que con decoro nos dicen por dónde camina el sol?
Un sol que señala el regreso con huellas a la medida, pero no el camino que nos lleva fuera.
Oh, ¿quién pueda vivir de polvo?
Y aquí sólo espero yo; ¿y quién me espera a mí si ni yo estoy dispuesta a hacerlo?
Deja que camine por un momento con título de eternidad, que el viento siempre me espere detrás de las montañas, para soplarme las huellas hasta que encuentre otro aire que lo revele.
Vamos, no es tan lejos aunque la distancia nos contradiga.
Nada
Tengo tanto que escribir que a veces la tinta no alcanza si quiera para el primer atisbo de palabra y detengo todo en blanco.
Quizá una página vacía dice lo suficiente y certero; ella, siempre limpia pero anegada de intenciones e historias que podrán borrarse sin necesidad del fuego. Aunque más arduo es el tiempo.
Un suspiro, una sustancia, un pedazo de necedad extraído de un lejano olvido, y todo gira, en torno a nada. Eso es siempre.
Comodidad, ruido, una página desbordante de palabras anodinas, sórdidas… ¡antes muerta!
-¿Antes?-
I don’t regret a thing
Desde que pongo nombre a las cadenas, puedo controlarlas. Creo que al fin he encontrado el secreto para lograr romper de una vez por todas la inseguridad y el temor que me causa el simple hecho de tener un cuerpo. Igual, ultimamente confirmo mi teoría que la existencia es infinitamente absurda. En tamaño, somos nada en el universo, nada que hagamos afecta realmente al todo que componemos, además que nuestra existencia no es más que azar, un simple juego de moléculas para existir. Así que somos puro azar, ¿por qué preocuparse tanto por cosas tan ridículas como el bien o el mal? “No hago esto porque está mal, aunque mataría por hacerlo. No, espera, también eso está mal. Mi pensamiento es malo, ¡castígadme!”. ¿Para qué arrepentirse? ¿para que imponer barreras? Para poder vivir en sociedad -Típica respuesta que todos darían. Totalmente aceptable si los humanos estuviera aptos para vivir en ella, cosa que jamás llegará a suceder, a menos que la gente sea condicionada como en “Un mundo feliz” de Huxley. Y todo está a su disposición para ello-.
A veces en mis divagaciones estoy totalmente segura que nadie existe, todos perdieron su existencia -si es que nacieron con ella-. Al ser condicionados por la moral, política, medios y demás. Pues no entiendo como un ser capaz de entender su existencia pierda el interés innato que tendría todo extranjero en el mundo por cuestiones como el origen, la tierra, el universo, la vida…llenando los huecos con una barrera que no es lógica, pero que da cobijo.
Los humanos se entregan a un sistema, sin percatarse. Dan significado a la vida con el llamado “éxito”, que no es mas que tener dinero. Trabajar, ¿pregunto para qué? -para poder persistir- Es tonto que tengamos que pagar por vivir en este maravillosa sociedad cuando el mundo jamás ha dejado de ser nuestro, no de unos cuantos. Y esa persistencia por la que pagamos, ¿qué satisfacción nos dará? quizá unos cuantos días, con suerte meses. El consumismo alimenta la vida de la gente, para no desfallecer por su existencia muerta.
Cuando camino sin pensar por la rutina y despierto de ella en un instante, me parece curioso…como hacía todo inconcientemente, sabía las palabras y las acciones, pero no estaba consciente de mí, me di cuenta que no existía. Este modo de vida no es para mí, quizá algunas personas existen y acomodan su existencia en una vida rutinaria. Pero yo no puedo. Hay un horizonte esperándome que me dice “aún hay algo que explorar”.
Sin remordimientos -Cuando pueda afirmarlo todo me abrirá paso al horizonte-.
Sombra
No, no es que me sienta triste. Es que en el plano o a veces cortado paraíso no se es conciente de los miedos comunmente axiomáticos de los seres humanos. Caminar en la ceguera deja de producir la sensación de terror que sucedía al concluir las distorciones de la oscuridad, pero tampoco ocurre la fascinación de la fantasía inexpugnable.
Pues desde que se es parte de una sombra, el único temor que puede atacar, es el de imaginarse un ente e implorar por una elección. Cuando eres una sombra, no queda más que enterrarse en el lienzo y esperar, cauto, por un cortorno. Pero nosotras las sombras, comprenderemos de resignación y nos adaptaremos facilmente al semblante de patrones que nos posee. Nos perderemos, -la no existencia- no sufriremos ni divagaremos. Lo que seremos no será más que un espectro de los sueños fragantes de marchito azar, no será más que un reflejo de la luz sobre un cuerpo condicionado al patrón.
No es que me sienta triste, es que estoy en el paraíso.