El Don Juan

Junio 12, 2008 at 7:57 am (Poesía)

Tres leguas frunce la arena
antes de la lluvia blandir.
Marchan tres leguas de alba
y añejo cacarea el brío
de luna monumental.

el tiempo apaga las velas
y pule con gracia el timón,
que se mece como una rueca,
hilando en los hombres el sur.

“Pero no hay otro anhelo
que dormir descalzos del día”
-Dice él-
“Pero no hay otro día
en que alcanzar el sueño
calzando un anhelo.
¡Lo lamento, timonel!”
“Asuma velas, querido capitán:
ya vira el cielo
el horizonte de sus hombres”.

Las dunas soplaron lunas
mientras aún solían partir,
Y la noche tragó al piélago
mientras sufría por huir.

Tres leguas frunció la arena
un bajel gangrenado,
antes de la lluvia sisear.
Marchó tres leguas el alba,
sin brío alguno encontrar
del naufragio que engulló a la noche
bajo el silencio del Don Juan.

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Mirmecología

Junio 12, 2008 at 6:14 am (Historias)

Ayer amanecí en un mundo no del todo conexo con la habitual realidad; aunque no puedo asegurar totalmente que así fue, pues dada la casualidad, ayer amanecí en un mundo no del todo conexo a los recuerdos. Quizá fue por eso mismo que sentía en automático y contemplaba el mundo con cotidiana naturalidad: El cuadro de los dinosaurios pastando en el surrealismo de un mundo sin horizontes bajo un sol inverosímil; millones de hormigas reptando las paredes de la casa como el color del entorno, lograban la solidez de las barreras.
Nada parecía producto de la abstracción, todo parecía bastante normal. Me sentaba a comer peras con cuchillo, bajo una mañana totalmente vacía, parecía como si siempre la ventana atisbara la niebla. Pero estábamos tranquilos, yo, sentado frente a la mesa en disposición de ingerir las peras que se posaban en la mesa y mi madre, vertiendo en un jarrón los restos de mi hermano menor.
Mi hermano menor, jamás lo conocí, pues como admití en un principio, ayer carecía de recuerdos. Así que sólo me pude abrir paso a la imaginación y lo amé, amé a mi querido hermano. Quizá juntos dibujamos los dinosaurios del cuadro que cuelga en la pared del comedor, posiblemente comimos peras utilizando sólo un cuchillo, como buenos ciudadanos. Y sin duda alguna vimos juntos la niebla disipar la existencia nuestra familia y nuestras esperanzas. Y ahora nuestra vida lucía lánguida, sin lujo de detalles, sólo esas hormigas reptando los muros me supieron a color, ellas eran las únicas que me hablaban acerca de la veracidad de un pasado, sin ellas susurrándonos la inmutable realidad seríamos salvajes en el tiempo, sin ellas sobre el muro de seguro no sabríamos que el muro es muro y no niebla.
Aunque no recordaba cuanto, sabía que ya habrían pasado muchos años de automatización y este mundo que veía, era lo único que tenía.
Desee fervientemente que mi hermano estuviera aquí, ya mis padres sólo hablaban en silencio y perdían la cordura. No sabría desde cuando, pero ya estaba harto.
Ayer, mi madre no comió sus peras con cuchillo, ese gesto me pareció totalmente réprobo, todo mundo sabe que las peras deben comerse con cuchillo y no con cuchara, así que empecé a sospechar. Cuando la vi verter los restos de mi hermano no me extrañó, es lo que toda madre debe hacer, pero al contemplarla comer las peras de una forma que atentaba contra la moral, supe la verdad: se comería a mi hermano.
No podía permitir que él desapareciera de esta breve lucidez, tenía que salvarlo de algún modo. Seguí cuidadosamente los pasos de mi madre y encontré una excelente oportunidad para mi empeño. Vi como mi madre colocaba el frasco con los restos de mi hermano menor sobre la alacena, posiblemente iría a posar más hormigas en el muro y guardaría el apetito para más tarde. Fue entonces cuando sugerí a mi madre que fuera a recorrer lo insólito y enigmático de la neblina, pero dijo que prefería ir a “Poste” , el lugar de reabastecimiento de peras. Yo dudaba su existencia, pues la niebla que rodeaba la casa parecía no describir nada además de nosotros, pero mi madre salió. Me dispuse a alcanzar el tarro que contenía mi hermano, así que me aseguré primero que mi padre no se percataría. Abrí la puerta de su cuarto, que como en toda casa de buenos ciudadanos, se encontraba al lado de la alacena. Mi padre leía un libro de mirmecología, tan absorto estaba en su lectura que no encontré obstáculos para conseguir una silla y un banco para alcanzar el tarro.
Ayer amanecí en un mundo no conexo a los recuerdos y en mis saberes automatizados no estaba el concepto de equilibrio, caí de la silla al intentar alcanzar a mi hermano. Amanecí en un mundo no del todo conexo a la realidad, mi madre no comió sus peras con cuchillo y yo jamás había tenido un hermano.
Mi padre abrió la puerta interrumpido por el ruido de mi caída, y al encontrarme en el suelo me dijo: “es hora de comer”.

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Junio

Junio 9, 2008 at 5:27 am (General)

Es junio, es cierto lo que oigo: es junio otra vez. Los juncos ladran con viento imperial, otra vez tienen voz de olvido. ¿Qué tanto hace que decidí olvidar?, a tientas harán muchos estíos, pues las lluvias las recuerdo y de años no sé contar.
No memoro las pláticas altisonantes ni mi monosilábica virtud, pero sé que el silencio es la base en la que están formadas mis palabras actuales, pues sé que cultivé esa necedad en junio. Quizá fue agosto, pero nada recuerda tanto como junio, ¿no es cierto?

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The dance

Junio 2, 2008 at 1:49 am (Poesía)

Only shores fade decade
but I stay by my feet,
and the waves that now roar
take a spin to its chest
by the nurture of breeze.

Will we dance again someday
beneath the shout
of our rejected lane?

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