Realidad emigrante
Salpiqué el muro con cincelados guiños
para que me sonriera el desvarío
y el muro luciera menos muro,
y la muerte menos viva.
El camino sigue anudando su garganta, sin embargo.
Pensé viajar de una noche a dos
y tender al crepúsculo en las estrellas,
pero el ritual del anochecer se retuerce en olvido.
Al no mecer al día.
Me perdí entre tantos conceptos,
tanteándolos de sueños
Cuando el concreto suplicaba cantidades.
Rayarlos de muerte, cuando sólo
sabía a rayar al alba.
Yo sólo ignoro latente
qué será del cielo
al encerrarse en la bóveda de la Tierra.
Qué será de la tierra
concibiendo polvo
para amante del ensueño.
No será el viento
quien retracte sus palabras
al ser eco del muro.
Al cegarse a los caminos
desbrochados de un sendero.
Serán las pisadas
quienes cincelarán la tierra.
Y los ladrillos perecerán esquivos.
Pues nada puede concebir una realidad
que no se llame a sí una emigrante colona.