Sombra
No, no es que me sienta triste. Es que en el plano o a veces cortado paraíso no se es conciente de los miedos comunmente axiomáticos de los seres humanos. Caminar en la ceguera deja de producir la sensación de terror que sucedía al concluir las distorciones de la oscuridad, pero tampoco ocurre la fascinación de la fantasía inexpugnable.
Pues desde que se es parte de una sombra, el único temor que puede atacar, es el de imaginarse un ente e implorar por una elección. Cuando eres una sombra, no queda más que enterrarse en el lienzo y esperar, cauto, por un cortorno. Pero nosotras las sombras, comprenderemos de resignación y nos adaptaremos facilmente al semblante de patrones que nos posee. Nos perderemos, -la no existencia- no sufriremos ni divagaremos. Lo que seremos no será más que un espectro de los sueños fragantes de marchito azar, no será más que un reflejo de la luz sobre un cuerpo condicionado al patrón.
No es que me sienta triste, es que estoy en el paraíso.